2006-06-22

Libros: El fin de la eternidad, de Isaac Asimov


Cuantas veces leí cuentos de Asimov donde mostraba un final planteando una situación real, un hecho concreto que sucedió en nuestra historia pero que, a raíz del desarrollo del cuento o del libro, me sorprendía totalmente? Muchas, y esta no será la excepción. Sigo recomendando a Asimov por sobre otros escritores; sucede que no deja de maravillarme despertando el espíritu fantástico que subyace en mí.
A!


¿Qué es el tiempo? ¿Podríamos modificarlo para un fin determinado? Estas premisas, entre otras cosas, aborda el clásico El Fín de la Eternidad de Isaac Asimov, uno de los indiscutidos maestros del género de la CF.
El argumento es el siguiente: una organización que se hace llamar Los Eternos tiene en su poder la manera de modelar el tiempo para realizar cambios necesarios y de esa forma lograr que la armonía, en los sucesivos siglos, se mantenga imperturbable. Este esquema predictivo no era algo novedoso, porque Asimov ya lo había anticipado en la saga de Fundación: Fundación (1951), Fundación e Imperio (1952) y Segunda Fundación (1953). No obstante, mientras que en esta serie se predicen hechos de acuerdo a una lógica histórica cíclica, en El Fin de la Eternidad va mas allá y decide intervenir directamente sobre la materia prima.
Pero, claro, como en toda novela, y más en una de CF, hay alguien que va o puede cambiar las mísmismas condiciones del universo. Y en el caso de El fin..., literalmente. Y como también sucede en toda la literatura hay un mujer. Por y para una mujer, Andrew Harlan, el protagonista, hará todo el esfuerzo por cambiar el estado de las cosas. Como antecedentes famosos, podemos citar un par de casos: Un mundo Feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell, donde los personajes femeninos alteran la rutina del protagonista.
¿Por qué esta novela se ha convertido en un clásico del CF? Por todo.
El fin de la Eternidad constituye una de esas ocasiones donde un entretenimiento nos hace reflexionar, sin querernos imponer. Soñar, sin delirar. ¿Qué más podemos pedir?
También, aparecen temas que luego van a ser transitados y no sólo por la literatura: la famosa paradoja temporal es uno de ellos. Tema que Asimov eleva hasta la hipérbole de la corrección o destrucción de una dimensión temporal. Y podemos darnos cuenta de que es un clásico, cuando la lectura nos resulta fluida, verosímil aunque se haya escrito hace casi cincuenta años.
Acerca de la claridad de la narración, hay una teoría del mismo Isaac que refiere a dos variantes del mismo tema. La del vitraux y la de la ventana. Teoría que traslada a la escritura. Asimov dice que el vitraux es muy bonito, elaborado, pero no nos permite ver con claridad qué hay del otro lado. En cambio, la ventana es transparente y deja ver el fondo. Él aplicaba realmente con precisión esos conceptos. Todos sus trabajos se entienden y nos llevan a seguir la trama sin poder abandonar ni una línea, lo cual potencia su ideas. Se le puede achacar cierta rigidez en la caracterización de los personajes pero la potencia narrativa corrige esas carencias.
En el caso de esta edición, cabe destacar, por un lado, una reseña sobre el autor y bibliografía, ordenada de acuerdo a los ciclos de su carrera; así como también la sobria traducción que no distrae la atención del lector en ningún momento.

Víctor Coviello para Axxón y Garrafex News

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